Cómo se elabora el vino tinto

Dentro de todas las variedades de vino que existen, el vino tinto es sin duda la más popular y tomada. A su vez es la bebida preferida en eventos de gala, conferencias, networking y un sinfín de festejos. 

El vino tinto lleva siglos acompañándonos y, no obstante, no sabemos mucho de él y desconocemos cómo se elabora. Si te ha asaltado esta pregunta alguna vez, o por el contrario es la primera vez que te la haces, en Bodegas Altanza responderemos a tus dudas. 

Cómo se elabora un vino tinto   

El desarrollo de esta bebida milenaria se ha ido sofisticando y perfeccionando para llegar a los niveles de calidad actuales, es por ello que actualmente se distinguen varias fases por las que tiene que pasar este producto antes de comercializarse y poderse servir en cualquier celebración.  

Hay que destacar que cada tipo de vino tiene su propio proceso. Así, el cómo se elabora un vino rosado no tienen nada que ver con las fases que tiene que seguir el vino tinto para convertirse en la bebida que conocemos. 

Las etapas por las que tiene que pasar el vino tinto son: 

Vendimia del vino tinto 

La primera fase y por la que pasan todos los tipos de vino. La vendimia se entiende como la selección y recolección de la uva madura para su después fermentación y añejamiento que la convertirá en vino.  

Cuando se evalúa si no una uva está lista para la cosecha o no, se revisan sus niveles azúcar ya que esto determinarán el nivel de fermentación y el nivel de alcohol en el vino resultante.  

En España, tradicionalmente, la vendimia se realiza durante los meses de agosto hasta octubre, momento en que la uva alcanza todo su esplendor. 

Despalillado 

Este proceso comprende la separación de la uva con el resto del racimo, así como de las ramas y hojas que la acompañan, ya que estas últimas le aportan un sabor y un aroma amargo al mosto durante su maceración.  

El despalillado, se suele realizar cuando se quiere desarrollar un vino joven y muy afrutado, algo no muy común en un vino tinto.  

Estrujado  

Anteriormente este proceso se hacía de manera manual, lo cual lo cual elevaba sus costes de producción. Actualmente, es una máquina que se encarga de este laborioso proceso: las uvas pasan por una estrujadora o pisadora que tiene el trabajo de romper la piel de la uva que también se conoce como hollejo.  

De esta forma se extrae gran parte de interior de la uva o mosto que será de gran ayuda para la maceración. El estrujado no tiene que ser demasiado intenso o se partirán las semillas que le darán un sabor amargo a la mezcla. 

Maceración y fermentación alcohólica 

Este es uno de los momentos decisivos a la hora de elaborar el vino tinto. En una habitación preparada para ello y con una temperatura constante no superior a 29 grados, se deja el vino para que macere y fermente.  

La duración del proceso dependerá del tipo de vino que queremos desarrollar, peor en general se este periodo durará entre 10 y 14 días en los que el mosto aquierore su color característico y su estructura final de los elementos que desprendan los hollejos, mientras que el azúcar se fermenta y se convierte en alcohol.  

Prensado  

Una vez que la fermentación ha terminado, se procede al prensado para obtener el líquido, que será lo que después se convierta finalmente en vino.  

Fermentación maloláctica 

Cómo su nombre indica se trata de una segunda fermentación que tiene como fin disminuir la acidez del vino obtenido y hacerlo más apto para su consumo. Este proceso dura alrededor de 15 a 21 días.  

Crianza del vino tinto 

También conocido como envejecimiento, es la etapa más conocida el vino, cuando entra en barrica para que agarre cuerpo y estructura.  

El tiempo que lo mantengamos en allí dependerá que tipo de vino que queramos obtener. Y, al contrario de lo que muchas personas piensan, una mayor crianza no equivale necesariamente a una mejora de la calidad, todo dependerá del tipo de uva y las características del vino en sí. 

Las barricas suelen ser de madera de roble debido a sus dureza, permeabilidad y porosidad. De hecho, el intercambio de gases y la microoxigenación ayudan al vino a evolucionar y obtener sus características definitorias, como las notas aromáticas.  

Trasiego y clarificación 

En medio de la crianza se debe hacer el trasiego, que no es otra cosa que pasar el vino por distintos recipientes para ir eliminando sus sedimentos. Para un acabado más preciso, se emplean sustancias orgánicas y arrastran las impurezas y dejan el vino completamente líquido.  

Embotellamiento del vino tinto  

Se trata de un segundo añejamiento que le dará las características finales a todo buen vino tinto como el Altanza Gran Reserva. En este momento el vino madura en una atmosfera reductora en la que consumirá el oxígeno que se introduce antes de cerrar la botella con el corcho. 

Este ambiente tan hermítico estabiliza sus aromas y sabores obtenidos en la barrica. 

Dependiendo del tiempo que pase en barrica y botella hablaremos de un vino crianza, reserva o gran reserva. 

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